Prácticas Docentes




Reflexiones personales antes y después: principios y finales de curso


En esta entrada se presentarán, en primer lugar, las reflexiones personales hechas a principios de la asignatura acerca de las prácticas docentes. En segundo lugar, se incluirá una muestra de aprendizaje, concretamente, unas reflexiones extraídas de la memoria de prácticas elaborada para la asignatura en cuestión, que toman como puntos de partida, tanto el mismo texto de reflexiones personales redactado a principios de curso -que se volvió a leer de manera retrospectiva- como las dos semanas de prácticas en Escuela Mediterráneo.



 

No tuve experiencia como docente de ELE, excepción hecha por unas prácticas que llevé a cabo en una escuela pública italiana a lo largo de seis meses. En un primer momento participé como observadora y, en un segundo, desempeñé un papel activo como asistente y colaboradora de la docente que impartía clases.


Acercarme a la realidad de la enseñanza, para mí ha significado principalmente dos cosas: poder experimentar y poder comprender muchos de los factores que desempeñar el papel de docente implica (y que en el papel de estudiante no se notan) y tener un anticipo de las que podrían ser mis fortalezas y mis carencias, identificándome en una docente de ELE.


Creo que uno de los puntos fuertes que tengo es el de manejar bien un idioma que no es mi lengua madre y que, a su vez, es el idioma medio y objetivo del Máster: el castellano. A pesar de ser italiana, por fascinarme desde que era adolescente, por haberlo estudiado a lo largo de once años, por haber vivido en España durante un tiempo y por tener constantes contactos con hispanohablantes, hoy en día, considero haber alcanzado un buen nivel de la lengua. Obviamente, no deja de ser una L2 y tampoco deja de “sufrir” transferencias de mi L1, pero, no obstante, me siento capaz de poder dominarlo lo suficiente para poder seguir formándome en este Máster.
Además, me considero una persona muy abierta al aprendizaje de nuevas experiencias, por ejemplo, tanto fracasos como logros, conocer nuevas personas e involucrarme en nuevos ambientes, pues me considero una persona curiosa y que no duda en ponerse a prueba y en aceptar desafíos. No me considero mala en poder encontrar soluciones a posibles problemas que puedan surgir en un contexto académico, pero sí que creo que eso también depende mucho de la personalidad y que es algo que se aprende y adquiere con la experiencia, por lo tanto, es definitivamente mejorable.
Las que considero mis carencias son la inseguridad y la incertidumbre que me provoca el no saber cómo poner en práctica en el aula de ELE los conocimientos que he adquirido a lo largo de los años y los que sigo haciendo míos con este Máster.
Algunas de las preguntas que me surgieron durante mis prácticas y que hoy en día todavía no tienen una respuesta exhaustiva son: ¿cómo puede convertir el docente determinados materiales (libros de texto, vídeos, otros recursos) en una clase? ¿Qué hay entre los materiales y una planificación completa? ¿Seré capaz de ser sensible a todos los factores que en un proceso de enseñanza-aprendizaje entran en juego? No niego que hay cosas que me preocupan, por ejemplo, el no tener muy claro el dónde quisiera trabajar en un futuro, la oferta que tiene toda España y otros países para mi perfil profesional, pero no profundizo en esos aspectos, ya que forman parte de otro tipo de cuestiones.





De todas formas, trascendiendo cualquier tipo de inseguridad, incertidumbre y preocupación, mantengo la idea de que el tiempo y, sobre todo, las experiencias, podrán dar respuestas a las preguntas que tengo hoy en día.




Ante todo, puedo decir que, sin lugar a duda, mis expectativas han sido cumplidas. Lo que me esperaba en relación con mi futura estancia en el centro de prácticas estaba vinculado tanto con la misma escuela y con el tutor que se me asignaría como conmigo misma. En su momento, solicité para poder llevar a cabo mi prácticum en Escuela Mediterráneo porque había realizado mi período de Observaciones en dicha misma escuela y desde el principio me transmitió una sensación definitivamente positiva. De hecho, desde el primer momento los docentes me parecieron ser muy acogedores, disponibles y amables y la atmósfera del centro en general, muy positiva. Mi estancia en el sitio como masteranda y profesora en formación me permitió confirmar las sensaciones que tuve cuando me hospedaron como mera observadora. Efectivamente, el ambiente en general, formado tanto por docentes como por alumnos, no decepcionó la idea que yo había ido formando del centro.

Asimismo, la tutora encargada de seguir mi desarrollo y dirigir mi aprendizaje durante las prácticas, se demostró constantemente disponible, flexible y amable, así como capaz y experta en su papel de docente en activo.

Además, estuve contenta con el nivel que se me asignó, ya que, al haber observado uno intermedio a lo largo de las Observaciones, deseaba poder estar en contacto con la realidad de un grupo de un nivel más bajo. Es más, me sentí muy cómoda con los estudiantes de mi tutora.

Por todo lo que se ha destacado, creo que no habría podido desear un ambiente, unos alumnos y una tutorización mejores.


Por lo que refiere, en cambio, a las expectativas sobre mí misma, como persona y como estudiante en su proceso de formación, también puedo afirmar que estoy satisfecha. Evidentemente, hay muchos aspectos en los que puedo mejorar y soy perfectamente consciente de ello, gracias también a la retroalimentación recibida, pero, a pesar de esto y teniendo en cuenta que casi no tenía experiencia en el ámbito de ELE cuando empecé las prácticas, estoy contenta con mi actuación.

El hecho de haberme sentido tan cómoda con la escuela, con el grupo de alumnos y con mi tutora, sin duda alguna, influyó considerablemente en mi implicación durante la estancia en la escuela y en el mantenimiento de una predisposición positiva hacia el prácticum; pues la tutora proveyó integrarme en el aula desde el principio y los alumnos aceptaron positivamente mi presencia como observadora y mi actuación como docente.

Así pues, por todo lo dicho, considero haberme implicado mucho y positivamente en la experiencia y, además, de haberlo hecho sin miedo y con ganas de aprender y de sacar de esas dos semanas el máximo provecho.

En el documento con las reflexiones personales y dudas redactado a principios del curso, entre otras cosas, se plantearon las siguientes preguntas: ¿cómo puede convertir el docente determinados materiales (libros de texto, vídeos, otros recursos) en una clase? ¿Qué hay entre los materiales y una planificación completa? ¿Seré capaz de ser sensible a todos los factores que en un proceso de enseñanza-aprendizaje entran en juego? Tras haber experimentado y terminado mis prácticas docente, creo que, si bien de manera parcial, he conseguido encontrar respuesta a unos de los factores que en las preguntas se cuestionan. 


Evidentemente, el convertir materiales en una clase, así pues, el convertir recursos en una planificación de clase(s), requiere una intervención imprescindible por parte del docente. A pesar de haber profesionales que se dedican al diseño de materiales para la enseñanza de ELE y a pesar de que estos representen un suporte enorme en el aula, es el profesor él que tiene que hacer de mediador entre estos y el alumnado. Efectivamente, partiendo de los materiales de los que se disponga, el docente tiene que analizarlos y, si necesario, complementarlos con otros recursos y adaptarlos a las necesidades de sus estudiantes. Creo que, quizá sea este uno de los puntos más importantes y, a la vez, laboriosos de la profesión.

También es cierto que, entre los materiales y la planificación completa de unas sesiones de clase, el docente dispone de una guía, también diseñada por parte de profesionales, que le sirve de ayuda para ello: el Libro del profesor. Este último representa una herramienta que propone una secuenciación organizada de las actividades del Libro del alumno, facilitándole al docente todo tipo de información necesaria, paso por paso. Esto no significa que el profesor esté obligado a seguirla al pie de la letra, pero sí que puede servirle de soporte orientativo.

Otra cuestión, en mi opinión, bastante compleja a la hora de impartir clases, es la de poder cuidar todos los factores que en un proceso de enseñanza-aprendizaje entran en juego; desde los aspectos más generales hasta los más particulares. Efectivamente, creo que es muy importante que el docente sea capaz de captar unas realidades que entran a forma parte del espacio aula a la hora de dar clase: la personalidad de los estudiantes, sus puntos fuertes y débiles, sus necesidades específicas, sus intereses. Es también muy importante que el docente busque y encuentre la manera más adecuada para actuar, de acuerdo con el perfil de sus aprendientes, así como, entre muchísimas otras cosas, que entienda cuáles actividades y cuáles dinámicas son más o menos exitosas para sus estudiantes. En definitiva, el alumno no tiene que dejar de ser el protagonista del aula y el foco de atención para la toma de decisiones del docente.



Por último, destaco los dos aspectos que, personalmente, fueron los que más arduos me resultaron poner en práctica: por un lado, la planificación de la docencia y, por el otro, la adaptación del idioma al nivel de los estudiantes. Con respecto a la programación, lo que más me resultó complicado fue calcular el tiempo estimado para cada actividad. No obstante, si bien haya requerido la inversión de tiempo, las sugerencias de mi tutora y el soporte del Libro del profesor la han convertido en un compromiso fácilmente asumible.

En cambio, con respecto a la adaptación del idioma al nivel de los estudiantes, al tener los alumnos un dominio todavía bajo de la lengua (nivel A2.2), resultó necesario modelar la naturalidad con la que yo hablaba en clase y prestar atención a la velocidad con la que me expresaba, para que el grupo pudiera entender sin problema. Efectivamente, como se puede también observar en uno de los feedbacks (aspectos que mejorar) recibidos por la tutora, en estos casos es recomendable ayudarse con la mímica y con los dibujos y limitar el número y la variedad de palabras empleadas.

A pesar de las dificultades halladas, una vez comprendidas las necesidades del grupo conforme con el dominio de la lengua poseído, creo haberle puesto empeño para cuidar dichos aspectos, a veces con éxito y otras sin ello. De todas formas, las prácticas también me han servido para volver a confirmar que es sobre todo la experiencia lo que permite conocer más a fondo el ámbito de la enseñanza y, además, descubrir los propios puntos débiles y límites, reflexionar sobre ellos y, de cara a un futuro, poder mejorarlos y sobrepasarlos.















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